La California del Real de San Antonio B. C. S.

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De Ocio, quien participó e hizo fortuna en la explotación perlera, invirtió todo su capital en el desarrollo de minas.

En el punto exacto donde coinciden la historia, los protagonistas, sus divulgadores y quienes trasmiten, a través de las generaciones, las tradiciones y costumbres, es la suma que permite mantener viva la memoria de los pueblos.

De esta manera, es importante mencionar que, en Archivo Histórico Pablo L. Martínez, podemos investigar sobre el nacimiento de los pueblos de Baja California Sur.

En este acervo encontramos que el inicio de la minería en la parte sur de la California, permite la fundación del Real de San Antonio, situado a 45 kilómetros de la ciudad de La Paz, con una altitud de metros sobre el nivel del mar, aproximadamente, en el siglo XVIII, de lo que da fe don Gaspar de Pisón, levantando testimonio en 1765.

Los antecedentes provienen de 1748, cuando un andaluz, asignado como guardia de acompañamiento en el presidio de Loreto, habría visitado estas tierras en su labor, salvando la vida del padre Taraval, perseguido por los naturales, quienes le acusaban de mal trato. En su travesía, escucha y descubre los minerales de plata y oro, prometiendo volver e incursionar en la minería.

Tiempo después, Manuel de Ocio funda el Real de minas de Santa Ana, al margen del sistema misional, y le son reconocidos sus derechos y registros de su actividad. Registra una mina llamada El Triunfo de la Cruz, de donde proviene el nombre del poblado.

De Ocio, quien participó e hizo fortuna en la explotación perlera, invirtió todo su capital en el desarrollo de minas. Los recursos obtenidos con la venta de perlas y azuzado por la crisis económica y baja producción de molusco, vuelve con un capital, contrata indios de los vecinos Sinaloa y Sonora

Real de Santa Ana se desarrolla rápidamente y ve aumentada su población con la misma velocidad, generando grandes necesidades de abastecimiento, de materiales y herramientas, de vivienda y alimentación. Así, el Real de San Antonio llega a convertirse en el centro de comercio más importante del sur peninsular. Grandes hatos caprinos y vacunos proliferaron desde el extremo sur y se comercializaron en San Antonio. El crecimiento poblacional se debe entre otras causas a la llegada de trabajadores provenientes de los yaquis y mayos que se sumaron a las labores de extracción.

Entre el año 1850 Y 1900 el presidente Porfirio Díaz, principal impulsor de la minería en el país, permitió las concesiones mineras a extranjeros, y San Antonio, Santa Ana y El Triunfo, fueron tomadas por compañías estadounidenses, canadienses, chinas y japonesas, principalmente.

Los vestigios de aquel desarrollo impresionante se ven por doquier en San Antonio, El Triunfo y sus alrededores. Casonas viejas de la época, muchas deterioradas por el tiempo; callejones llenos de historias y leyendas; árboles, bocaminas, caminos y veredas que nos llevan, casi de la mano, a conocer el entorno, sus costumbres y su gente.

Caminar las callejas y descubrir las fachadas, la arquitectura, los ladrillos, la vara trabada, los tejamaniles y las vigas que aun soportan las techumbres, el tiempo y la historia. Descansar a la sombre de los eucaliptos en la plaza principal y refrescarse con la suave brisa que baja de la Sierra de la Laguna, en cuyas faldas se asienta San Antonio; platicar con los locales y escuchar su muchas leyendas, cuentos y anécdotas, mientras degustas los regionales manjares de la culinaria del rancho.

Referirnos al Real de San Antonio es también un referente de historia cultural, legado artístico de visionarios artistas de la literatura, la plástica y la poesía. Como los maestros Armando Manríquez, Jorge Amao, Penny Manríquez y Dominga González de Amao, poeta, escritora y periodista, legado de un conjunto mucho más amplio del acervo cultural.

Cuando las calles son regadas por las lluvias de temporada, el entorno manifiesta su más profundo sentido bucólico. Los olores, los colores, en ambiente cambia, se materializa y se manifiesta en un plato con frijolitos refritos, el queso de cabra, las tortillas de harina recién salidas del comal y la tradicional machaca, de la que San Antonio presume tener la mejor del estado. Y tal vez tengan razón, nada se compara con el procedimiento tradicional de conservar la carne, cortarla, secarla al sol, tostarla a la leña de mezquite y posteriormente machacarla con piedra, con paciencia, hasta que quede deshebrada, actividad tradicional, que cuenta con su propia Oda.

Hoy sin temor a equivocarnos, en esta región enclavada en al pie de la Sierra de la Laguna, nos cuenta en cada paso su historia minera, nos ofrece su corredor de la plata y actividad alternas de senderismo; de su santuario de los cactus; la tradición de la cuera de gamuza y de su gran actividad artesanal de tejido de palma, moldeado de barro y alfarería, sus talleres de talabartería, la escultura en maderas de la región y algo de lo que los hace sentir muy orgullosos: sus fiestas tradicionales del santo patrono, sus recientes e innovadores festivales del arte y desde luego su gente extraordinaria que siempre recibe a sus visitantes con su trato cordial, la sonrisa en su rostro y la mano siempre amiga.

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